Semblanza escrita en ocasión de la muerte de Paco Urondo por Rodolfo Walsh

Mi querido Paco:

Me han pedido que escriba una semblanza tuya. Es lo último que yo hubiera querido escribir, pero me doy cuenta que es necesario que alguien empiece a decir algo de tu hermosa vida, antes que otros, con más capacidad, puedan estudiarla junto a tu obra.

Lo primero que me acude a la memoria es la frase de un poeta guerrillero checo, al que mataron los nazis, que dejó escrito: “Recuérdenme siempre en nombre de la alegría”.

Para nosotros, Paco, la alegría era muchas cosas de cada día: la compañera, la hija, el hijo y los nietos, un truco, un verso, una ginebra. Pero más que nada era una certidumbre permanente, como una fiebre del día y de la noche que nos hace creer que vamos a ganar, que el Pueblo va a ganar.

Es en nombre de esa última alegría, la que vos no viste y yo no sé si voy a poder ver, que te escribo. Tal vez por ahí me salga la semblanza.

Te lloramos, hombres y mujeres, quién podría no llorarte.(…)

En estos días que han pasado desde que te mataron, me he preguntado qué es lo importante de tu vida y de tu muerte, qué cosa te distingue, qué ejemplo podríamos sacar, qué lección nos dio Francisco Urondo.

Tengo una respuesta provisoria en las cosas evidentes que pudiste ser y en las más desconocidas que elegiste.

Llegaste a los cuarenta años con la pasta de los grandes escritores, que no es más que una forma de mirar y una forma de escuchar, antes de escribir. El problema para un tipo como vos y un tiempo como éste, es que cuando más hondo se mira y más callado se escucha, más se empieza a percibir el sufrimiento de la gente, la miseria, la injusticia, la crueldad de los verdugos. Entonces ya no basta con mirar, ya no basta con escuchar, ya no alcanza con escribir.

Pudiste irte. En París, en Madrid, en Roma, en Praga, en la Habana, tenías amigos, lectores, traductores. Podías sentarte a ver desfilar en tu memoria el ancho río de tu vida, la vida de los tuyos, volcarlos en páginas cada vez más justas, cada vez más sabias. Con el tiempo quién lo duda, habrías figurado entre esos grandes escritores que eran tus amigos, tu nombre asociado al nombre de tu país, pedirían tu opinión sobre los problemas que agitan al mundo.

Preferiste quedarte, despojarte, igualarte a los que tenían menos, a los que no tenían nada. Lo que era tuyo era fruto de tu esfuerzo, pero igual lo consideraste un privilegio y lo fuiste regalando con una sonrisa. (…)

Estuviste preso, sobre el fin de la dictadura de Lanusse. En la cárcel, sin esperarla, volvió la literatura. Esa noche del 25 de mayo de 1973, cuando el pueblo victorioso embestía contra los muros de Devoto y centenares de compañeros festejaban la libertad inminente, te encerraste con los sobrevivientes del fusilamiento de Trelew y una grabadora. Escuchaste, mientras en la calle subía ese rugido impresionante de la multitud empujando la reja “¡abran carajo, o se la echamos abajo!”. Escuchaste como nunca, atento a cada temblor en la voz de los que habían resucitado del espanto. Manejaste esa historia como de chico debiste manejar el bote, allá en tu río, dejándote llevar por su corriente, con apenas un toque de tu pala –una pregunta- para enderezar el rumbo. Allí fue más cierto que nunca que escribir es escuchar. De ese impecable ejercicio de silencio salió La patria fusilada, un libro que ya no era tuyo, porque era de muchos. (…)

No te hacías ilusiones sobre la supervivencia personal. En todo caso, estabas preparado para la muerte, como las decenas de muchachos y muchachas que se juegan diariamente en una pinza, en una operación. O más bien como decías en uno de tus poemas: “Anoche soñé –seguía diciendo el soldado- que mi hija y mi nieto nacían simultáneamente en este mundo que vendrá. Ahora puedo morir en paz, aunque sería mejor que esto ocurra dentro de mucho tiempo”.

No fue tanto, cuando te llegó el momento –en una cita de rutina y te batiste. Ellos eran demasiados en esa tarde aciaga. Un coronel te insultó en un comunicado, los diarios no se atrevieron a publicar tu nombre, te iban a enterrar como a un perro cuando te recuperamos.

Era el fin de una parábola. Son los pobres de la tierra, los trabajadores secuestrados, los torturados, los presos que fusilan simulando combates. Son las masas las que van a sepultar a tus verdugos en el tacho de basura de la Historia.

No soy quién para decir cuál fue tu mejor libro, tu mejor cuento, la mejor línea de tus poemas. Pero pienso que tu obra literaria, tan inseparable de tu vida, nos va a ayudar a resolver esa pregunta tan trillada sobre lo que puede hacer un intelectual revolucionario.

Puede hablar con su pueblo y de su pueblo poniendo en ese diálogo lo mejor de su inteligencia y de su arte; puede narrar sus luchas, cantar sus penas, predecir sus victorias. Ya eso es suficiente, ya eso justifica. Pero vos nos enseñaste que no le está prohibido dar un paso más, convertirse él mismo en un hombre del pueblo, compartir su destino, compartir el arma de la crítica con la crítica de las armas. Gracias por esa lección.

Rodolfo Walsh.

Semblanza escrita en ocasión de la muerte de Paco Urondo. Julio de 1976.

Share

About Ariel Milanesi

Ariel Milanesi, nacido en 1965 en Bariloche, vive en la localidad de Capilla del Señor, (provincia de Bs. As.) y es ex-profesor de literatura, poeta y periodista argentino. - Este sitio, autorizado directamente por el mismo poeta en el 2011, está enteramente dedicado a Juan Gelman, su poesía y trayectoria artística. La redacción destaca la imposibilidad de conectar a los lectores, ya sea directa o indirectamente, con los herederos de Juan Gelman. Por lo tanto, mientras sea ese el propósito de sus mensajes, les aconsejamos dirigirse a las editoriales que publican su obra. Por otra parte, quisiéramos destacar también que valoramos todas búsquedas, entrevistas, alertas de eventos, ensayos y artículos relacionados con la actividad de Juan Gelman, tratando de reunirlas aquí de forma bien ordenada y accesible al publico. En el caso de que quisieran colaborar con nosotros publicando algo en este espacio web, les recomendamos que nos escriban por e-mail. Todo material recibido será evaluado por el comité editorial, el cual decidirá sobre su publicación y procederá a avisarles. Les rogamos que nos envíen sólo material propio (o sobre el cual posean los derechos necesarios para la publicación en este sitio) y que agreguen una nota en la que se autorice la redacción de juangelman.net para su publicación. Este sitio no tiene ánimo de lucro y todo el material publicado se encuentra distribuido de forma gratuita. Gracias a todos los que hacen posible la existencia de www.juangelman.net – Todo sobre la poesía de Juan Gelman . También para correcciones, derechos autoriales (hacia editores y fotógrafos) y otras pendencias, escriban a: . gelmaniana@juangelman.net
This entry was posted in Cartas, Persona(je)s and tagged , , , , , , , , , . Bookmark the permalink.

One Response to Semblanza escrita en ocasión de la muerte de Paco Urondo por Rodolfo Walsh

  1. Alicia says:

    Ayer leí esta semblanza en la muestra a Jorge Alvarez en la Biblioteca Nacional.
    Entre tapas de discos y libros que trajeron a mi retazos de una época, de libros comprados usados y leídos con el alma abierta, la frase de Walsh …cuanto más hondo se mira y más callado se escucha” giró y giró en mi cabeza toda la tarde

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *